Cuando tu perro pisa un chicle

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¡Vamos para allá! ¡tralarí, tralaraaaaa! Hoy es sábado y vamos a ir por otro lado, vamos a innovar, vamos a ver a donde nos lleva ese camino que no hemos cogido… un caminito esfaltado súper bonito… Nuestro perruco va a paso ligero, todo tieso, mirando a todos lados con la cola hacia arriba, nos va mirando y mientras lo hace parece que hasta sonríe… que porte, que buen rollo, que alegría… Nos sentimos como Dorothy y Totó en el Mago de Oz caminando por las baldosas amarillas (en el caso de los tíos no sé… sois como, como… mmmm… como Batman en su batmovil y con Robbin al lado, ¿eh? ¿eh? ¿os gusta el símil?).
De repente, algo pasa… el ritmo al trote del perro empieza a verse afectado por unos extraños espasmos en la parte trasera… parece que cojea… no entendemos muy bien que le pasa… a ratos vuelve a ir bien, aunque ya ha perdido esa posición inicial de alegría… ahora se va mirando la pata y de tanto en cuanto la remueve como si fuera una batidora. Se sienta, parece que se huele… no entendemos… pensamos que nuestro perro es un maniático o que está innovando un nuevo paso hip hopero canino… pero no… Llega un punto en el que el perro se planta, se sienta, nos mira como diciendo “¿bueno que, tengo que hacer muchas gilipolleces más antes no te pongas a mirar lo que me pasa?”, entonces le decimos, con una voz tierna y un poco atontada “guapiiiii, ¿¿que te pasa??, ¡aigh mi peque que está mandros@ hoy!¡venga, un poquito más va… hasta la siguiente esquina y volvemos para casa!” y lo tiramos hacia nosotros… pero no, el perro se planta y no se mueve, allí se queda quieto como una estátua, tiramos tanto del perro que el pobre arrastra su culo por el asfalto… “Bueno, basta… que te pasa, vamos a ver… “, nos agachamos y le miramos una pata… nada… otra pata… nada… tercera pata… ¡Aja! aqui tienes un chicle de fresa de la marca ******* (si quereis que haga publicidad, pagad), acabado de lanzar de la boca de algún degenerad@, directamente al suelo… mmmm, si… como diría Grissom, la textura blanda y el hecho de que aún esté húmedo me dice que hace como mucho diez, tal vez quince minutos que lo han escupido. Diría que la culpable era… en fin, es igual… nos cagamos en todo cuando vemos eso. Intentamos sacar un pañuelo de papel y quitarlo, pero lo único que conseguimos es que el chicle se quede enganchado al papel y se haga un revoltijo asqueroso que no sabemos como sacar… el perro nos va mirando y mueve la cola como diciendo “gracias, era un coñazo tener eso allí…” y tu no sabes como narices quitar eso sin meterle mano… a saco, sin papeles ni intermediarios… madre de Dios… si eres un poco aprensiva te dan hasta arcadas… sino, pues le metes mano al revoltijo y sacas lo máximo que puedes para que el perro siga tirando hasta casa, pero seamos sincer@s… el pelo y el chicle, son una mala combinación… así que le quitas lo máximo que puedes (si eres aprensiva estás en estos momentos con un ataque de histeria vomitando en el árbol más cercano y ya pensando en cargar al perro a cuestas para llevarlo al veterinario… porque tu, alli, no metes mano ni de coña…) y te lo llevas para casa…
El perruco, que ya está algo más aliviado, sigue caminando, pero ya ha perdido el porte y la gracia… de vez en cuando vuelven los espasmos y tu le dices que se espere que ya llegamos a casa…
Así que nada, paseo fallido. Cuando tu perro pisa un chicle, sólo puedes hacer tres cosas (si eres aprensiva, sólo una y en estos momento lo estás haciendo cogiendo un taxi para llevarlo al veterinario), la primera es cortar el pelo (siempre quedará algo de chicle y si el chicle está muy blando, puedes llegar a destrozar las tijeras), la segunda es cortar la pierna (piensas que a lo mejor es una cosa excesiva, aunque la aprensiva ha tenido MUY EN CUENTA esta opción) o tres… cubito… el cubito mágico de hielo. Lo pones por la pata hasta que el chicle se queda duro y cuando se quede duro, con paciencia lo vas quitando… al menos sale limpio y no te deja ni la mano ni el resto de la pata hecha un pringue…

2 thoughts on “Cuando tu perro pisa un chicle

  1. Yoli

    A mi primer perro le ha pasado varias veces durante sus 14 años de vida, y al final lo que me iba bien era ponerle la patita en agua calentita (no hirviendo jaja) asi le iba quitando bastante y luego le iba recortando con cuidado lo que quedaba y al final si quedaba algo cuando le crecia un poco el pelo se lo acababa de cortar.

    Ojala que todo chicle que se tirarse al suelo tuviera efecto boomerang.

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